Cuando se habla de Criminalística, la imagen tradicional remite a la escena del hecho ya la búsqueda de indicios materiales. Sin embargo, una parte creciente de los conflictos actuales ya no se desarrolla en espacios físicos, sino en entornos digitales.
Correos electrónicos, dispositivos móviles, redes sociales, sistemas corporativos y plataformas en línea se han convertido en escenarios donde se producen conductas con relevancia jurídica. En estos entornos también se generan rastros. La diferencia es que ningún hijo es visible a simple vista.
La informática forense constituye la aplicación de la metodología criminalística al análisis de evidencia digital. Su finalidad no es simplemente acceder a información, sino identificar, preservar y examinar datos de manera técnicamente válida, garantizando que puedan ser utilizados como prueba en un proceso judicial.
Registros de actividad, metadatos, historiales de acceso, archivos eliminados o copias forenses de dispositivos cumplen, en el ámbito digital, la misma función que un rastro físico en una escena tradicional: permiten reconstruir hechos, establecer secuencias temporales y, eventualmente, vincular conductas con personas o dispositivos.
La particularidad del entorno digital radica en su volatilidad. La información puede alterarse, eliminarse o sobrescribirse con facilidad si no se aplican procedimientos adecuados. Por ello, la cadena de custodia y la metodología de adquisición resultan centrales. No se trata solo de “tener” la información, sino de garantizar que conserva su integridad desde el momento de su obtención.
La criminalística no ha cambiado su esencia; ha ampliado su escenario. A la evidencia material se incorpora hoy la evidencia digital, que exige el mismo rigor científico.
En un sistema de justicia atravesado por la tecnología, comprender esta transformación no es opcional: es condición necesaria para interpretar adecuadamente la prueba.
Cánepa, F. (2026). Informática forense: la escena del hecho en el entorno digital. https://www.mundo-forense.com/